Monday, March 12, 2012

La Masonería Francesa.. El retorno a las fuentes



Los preciosos depósitos históricos de la masonería  francesa  tienen su fundamento en las Logias  y en los soberanos Capítulos.


Conformado por hermanos que se toman  un tiempo para seleccionar un nombre, definir la invocación para la apertura de los trabajos, las condiciones de la  prestación de juramento o promesa para dar curso  a un ritual,  es lo que hace que las logias devengan su existencia por la voluntad de sus fundadores. A pesar de que fueran  más tarde a unirse a la Primera Gran Logia. 


Incluso fue el caso de la mitad de las logias  identificadas  las que buscaron  una Patente después de haber demostrado su capacidad para administrar y promover un enfoque iniciático.
 La Obediencia, que no tiene ninguna vocación iniciática, no podría dar lugar a una logia. Sólo la voluntad  y la unión hermanos y su apelación al Gran Arquitecto para cimentarse sobre la fraternidad  e informar de  su trabajo, podría ser de una logia justa y perfecta.


 Siete  fueron  los Soberanos Capítulos  que formaron en 1784 el Gran Capítulo General de Francia,  y lo hicieron con el  fin de formalizar libremente los grados de Sabiduría  del  Rito Francés, fuera de las limitaciones de la obediencia. Y ellos lo hicieron sin dejar de tener en cuenta las directrices  del G.O.F. pero se fundaron  sobre una cuestión  que iba emergiendo de forma natural en todo el territorio  y en el corazón de los  Capítulos y de los Hermanos que los componían.


 La voluntad normativa de la obediencia gradualmente ha llevado a la pérdida del significado profundo de los ritos. Las  modificaciones sucesivas han escondido símbolos,  y ha tenido secretos mal interpretados, y por supuesto ha castrado el  espacio para la expresión de los sentimientos. Allí donde nada puede  explicarse, es por consiguiente la plaza  abierta a la bruta autoridad,  a la ambición personal  y el pensamiento único,  y por supuesto a las luchas de poder que distinguen más por  la referencia más de lo  no permitido, que a lo que no tiene un limite  circunscrito.


El retorno a la tradición a través de la exasperación del fenómeno y  su  fermentación  es una página  que no se puede volver a abrir.  Pero  requiere  la participación de todos aquellos que han discernido desviaciones  y  las forma  en que estas  fueron sustituidas,  pero ha de ser a condición de no entrar en el ciclo infernal  de los combates, que solo producen víctimas.


 Tras  haber aceptado que hemos  perdido todo, salvo la  fe del Masón,  de nuevo se debe reconstruir todo con materiales diferentes, sobre todo aquellos  que eligieron la estrategia al vagabundeo, la  reflexión   más que la diatriba, uniendo su visión personal  a la confianza en la Providencia,y que  se encuentran en una complicidad perfecta y portadora de esperanza.


 La aparición en el paisaje masónico (francés)  de  una autoridad moral viene ahora en el tiempo y en  el espacio, constituye un evento totalmente  inesperado pero qué alimenta la fuerza de la esperanza que va surgiendo en Europa. El único país del mundo que han practicado sin romperse en el  tiempo todos los Grados de Sabiduría del Rito Francés o Moderno, (Brasil)  invitó a todos aquellos que deseaban reunirse  independientemente de los criterios de sexo y obediencia, para poner fin a las barreras artificiales y poder   revivir la tradición del Rito Moderno en su apertura de espíritu  y su vocación  iniciática  llena  de la libertad, de humildad y  de espiritualidad.


Ese es el atractivo de la Carta  de Barcelona, que se  lanzó el día de Pentecostés por el Supremo Consejo del Rito Moderno para el Brasil y a través de la creación de la Unión Masonica  Universal del Rito Moderno.

De  Francia estaban presentes hermanos y hermanas pertenecientes a las logias simbólicas de la GLNF, de GLTSO, GOTM, de GLMF, de Alianza Masónica Universal y de la Alianza de Logias Libres y Soberanas del Rito Francés  y las Logias  libres y Soberanas  de San Juan , 
De la representación  de los Capítulos presentes  ha emanado el Sublime Consejo del Rito Moderno para Francia, co-fundador de la Unión Masónica Universal del Rito Moderno, ahora reconocido como autoridad legítima para unir en Francia los Soberanos Capítulos portadores de la tradición iniciática de Rito Francés o Moderno..


Este Consejo Sublime federa  un Gran Capítulo femenino,  un Gran Capitulo Mixto y dos Grandes Capítulos Masculinos  que han optado por reglas diferentes en el funcionamiento de los Capítulos que son miembros, pero todos los Soberano Capítulos  están abiertos a las inter-visite y el espíritu de la Carta de Barcelona.

SUBLIME CONSEIL DEL RITE MODERNE POUR LA FRANCE

Monday, February 13, 2012

Una aproximación a la Iniciación Masónica

EDUARDO R. CALLAEY 




Las escuelas iniciáticas del mundo antiguo, así como las grandes religiones del mundo, hacen referencia a un hombre total del cual cada individuo es apenas una astilla, un fragmento, una chispa.


En la antigua ciencia talmúdica, la figura del Adan Kadmon hace referencia al hombre cósmico, constituido por el alma de todos los hombres. Jesús habla de la salvación del hombre –como género, no como individuo- y Buda se niega a abandonar el mundo hasta ver pasar hacia el Nirvana la espalda del último hombre. ¿Qué nos dice este mensaje? Resulta claro que los grandes sabios de la historia de la humanidad han tenido como concepto que el hombre se salvará en su totalidad o no se salvará.

La iniciación masónica puede concebirse como un rito de pasaje mediante el cual el hombre se reconcilia con su condición sagrada. Pasa a formar parte de una humanidad despierta, capaz de mirar el mundo desde otro lugar. La masonería se ha destacado en todos los tiempos por una característica propia que la diferencia de cualquier otra institución. El masón es un hombre entrenado en la difícil capacidad de tratar de percibir el rumbo de la historia y adelantarse a ella para construir las ideas arquetípicas de cada nueva etapa. En otras palabras: entrenado en el uso de los símbolos el masón encuentra en el presente aquellos significados que hacen prever la dirección de la humanidad.

Cuando hablamos de masonería hablamos de Misterios. Esa es la única definición posible más allá de todos los libros y todas las teorías, pues la esencia del método masónico parte de una ceremonia iniciática, heredada de las más remotas Escuelas de Misterios de la antigüedad.

Hay en esta ceremonia un misterio ancestral e inescrutable, un complejo laberinto de símbolos en cuyo centro una desconocida criatura, émulo del minotauro, espera la llegada del intrépido viajero. Su secreto es como una mole de piedra sin tiempo, de la que no es fácil imaginar la inmensa base sumergida en las honduras de la tierra. Bordada por el liquen de los siglos, azotada por los vientos de la historia, escalada una y otra vez por hombres valientes e incansables cazadores de grutas ocultas, la iniciación es tan antigua como el género humano. Sin embargo, permanece indemne al paso del tiempo como el monolito que soñó en la Luna la mente de Arthur C. Clarke en su novela 2001, Una Odisea en el Espacio.

En los últimos años, Occidente parece haber redescubierto el vínculo de la francmasonería con los antiguos misterios, mientras un creciente número de personas se anima a la exploración de lo iniciático sin una idea adecuada de su significado.

La historia de la francmasonería es, en todo caso, sólo su marco visible, la consecuencia colectiva de miles y millones de procesos individuales que llevaron a infinidad de individuos, provenientes de las más variadas culturas y nacionalidades, a convertirse en masones, es decir, iniciados. La suma de la acción de los masones sobre la sociedad a la que pertenecen conforma la verdadera y real influencia que la francmasonería ha proyectado sobre el devenir de los hechos históricos. Es por ello muy cierta la cita frecuente que señala que “la francmasonería actúa en la sociedad a través de sus hombres”.

Sin embargo, el hecho de que un masón o un conjunto de masones haya dejado su huella en la historia, confirma la existencia de una aventura espiritual en la que cada uno de esos individuos debió -durante años de trabajo, interpretación y esfuerzo- cumplir con la antigua premisa común a los iniciados de todas las épocas; una premisa que ya se anunciaba en el pórtico del templo de Delfos hace más de dos mil años: Conócete a ti mismo. El proceso iniciático es –por lo tanto- la base del método masónico. Un método que permanece desconocido para aquel que no lo ha vivido y alimentado.

En una época en la que numerosas personas se alejan de las grandes religiones y el concepto de lo sagrado se encuentra seriamente devaluado, el esfuerzo espiritual ha sido reemplazado por una suerte de turismo del alma mediante el cual muchos creen que la sola lectura de un buen libro esotérico puede llevarlos a la súbita iniciación. Pero del mismo modo que nadie puede autoiniciarse, la experiencia masónica ha requerido siempre de la interacción con el otro, del vínculo permanente entre aprendices, compañeros y maestros y de un marco de trabajo que se desarrolla en la Logia a la que también se denomina taller, dada su característica de lugar de trabajo.

La Logia masónica es el ámbito de una instrucción sistemática y progresiva mediante la comprensión y el diálogo con los símbolos. “…Obra, logia y herramienta –nos dice Jean Mougués- el francmasón es capaz de cumplir con su tarea cuando, seguro de sí mismo, en plena posesión de sus medios, ante los ojos y con el consejo de los miembros de la Logia, toma un puesto en el orden del trabajo…”

A diferencia de otros sistemas de perfeccionamiento interior que propenden al aislamiento y la experiencia mística, la francmasonería impone al iniciado la responsabilidad social, procurándole un escenario adecuado para el desarrollo de sus capacidades y el trabajo sobre sí mismo. Ese escenario es la Logia.

Viene a mi memoria la imagen alegórica que utilizaba un maestro yogui al que me unió un gran afecto. Explicaba que un grupo de trabajo espiritual se podía comparar con una bolsa en la que se habían introducido numerosas piedritas de forma irregular, con protuberancias, imperfecciones y bordes filosos. En la medida que la bolsa se sacudía en cada reunión, las piedritas chocaban entre sí hasta que, con el correr del tiempo, cada una de ellas adquiría la forma esférica del canto rodado, volviéndose incapaces de lastimarse las unas a las otras.

De esta forma el maestro explicaba que el hombre que afrontaba voluntariamente el camino espiritual podía lograr concientemente lo que la naturaleza realiza en los arroyos durante siglos, en donde las piedras terminan convirtiéndose en circulares y lisas al fin de las largas edades.

En la metáfora masónica, un recipiendario es como una piedra bruta arrancada de la cantera que, simbólicamente, representa al mundo profano. El recién iniciado recibe entonces un conjunto de herramientas con las cuales, bajo la supervisión de sus maestros, debe convertir la piedra bruta en cúbica a fin de poder integrarse armónicamente al Templo que los masones erigen a la Gloria del Gran Arquitecto del Universo.

Es por ello que el simbolismo de la piedra se encuentra presente, de distintas formas, a lo largo de toda la experiencia masónica, en sus más variados grados y Ritos. Pues la historia de la francmasonería –y todos los mitos tejidos en torno a ella- parte del más sencillo elemento que pueda hallarse en la naturaleza: una piedra informe y en bruto, llamada a participar de la más bella catedral, símbolo de una sociedad más humana y luminosa.

En términos históricos, la experiencia iniciática que propone la masonería recoge la esencia del humanismo ¿Qué fue el humanismo sino un fenómeno surgido de la liberación de los dogmas y un replanteo del rol del hombre en el concierto de la Creación Divina? El humanismo está surcado, de punta a punta, por la experiencia iniciática, mientras que, entre sus referentes, se encuentran los más grandes espiritualistas del Renacimiento. Marcillo Ficino (De Divino Furore), Pico della Mirándola (Conclusiones sive Theses DVVVV), Dante, Agrippa etc. Todos ellos otorgan un rol fundamental al análisis del fenómeno humano, pero lo hacen desde el rescate de las escuelas de misterios, desde el Corpus Herméticum y la Gnosis, desde la búsqueda de la Piedra Filosofal y el estudio del Árbol de la Vida de los cabalistas.

La iniciación es la profunda meditación del fenómeno humano, el resultado del impulso natural del espíritu en la búsqueda de la luz interior, pero a su vez, la construcción una sociedad justa, la dignificación de la vida humana en todo su trayecto y todas sus expresiones.